Durante épocas festivas o reuniones familiares, la comida está omnipresente.
Pero para algunas personas, tragar puede convertirse en un momento de ansiedad, sensación de atragantamiento o incluso dolor. Si comer te resulta difícil, notas que “la comida se queda atascada” o tienes que tomar bocados muy pequeños para evitar que suba la angustia, es posible que estés experimentando disfagia.
Aunque puede aparecer a cualquier edad, es más frecuente en personas mayores y en pacientes con determinadas enfermedades.
¿Qué es exactamente la disfagia?
La deglución es un proceso sorprendentemente complejo que involucra músculos de la boca, lengua, faringe, esófago, y una coordinación precisa con el sistema nervioso. Cuando alguno de estos pasos falla —por debilidad muscular, falta de coordinación, estrechamientos o problemas neurológicos— aparece la disfagia.
Puede ser:
- Orofaringea: el problema está en la boca o garganta, suele causar atragantamientos.
- Esofágica: el alimento llega al esófago pero se atasca o “no avanza”.
Síntomas frecuentes de la disfagia
- Dolor al tragar o incapacidad de tragar alimentos sólidos o líquidos
- Sensación de que la comida se queda “atascada” en garganta o pecho
- Tos o atragantamiento al comer
- Voz ronca después de comer
- Regurgitación de alimentos
- Salivación excesiva
- Ardor frecuente o sensación de reflujo
- Pérdida de peso no explicada
- Necesidad de comer muy despacio o cortar los alimentos extremadamente pequeños
- Episodios repetidos de neumonía por aspiración (en casos avanzados)
Causas de la disfagia: por qué ocurre
La disfagia no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma de un problema subyacente. Puede deberse a:
🔹 Motivos estructurales (estrechamientos o masas)
- Estenosis esofágicas (estrecheces por inflamación o cicatrices)
- Reflujo gastroesofágico crónico (ERGE)
- Esófago de Barrett
- Acalasia
- Tumores del esófago
- Anillos o membranas esofágicas
🔹 Motivos musculares o motores
- Espasmos esofágicos
- Debilidad muscular por envejecimiento
- Trastornos de motilidad
🔹 Motivos neurológicos
- Ictus
- Enfermedad de Parkinson
- Esclerosis múltiple
- Enfermedades neuromusculares (ELA, miastenia gravis)
🔹 Otros factores
- Radioterapia en cabeza o cuello
- Complicaciones postquirúrgicas
¿Cuáles son los principales factores de riesgo?
Los dos factores más relevantes son:
- Edad avanzada: el desgaste muscular y neurológico aumenta la probabilidad.
- Enfermedades neurológicas: ictus, Parkinson, ELA, EM y otras alteran la coordinación del proceso de deglución.
Otros factores que aumentan el riesgo:
- Diabetes
- Reflujo crónico
- Cirugía previa de cuello o tórax
- Trastornos tiroideos
- Tabaquismo crónico
¿Cómo se diagnostica la disfagia?
Según las guías clínicas, las pruebas más utilizadas son:
- Endoscopia digestiva alta (fundamental)
- Tránsito esofágico con bario
- Manometría esofágica para valorar la motilidad
- Estudios videofluoroscópicos en caso de disfagia orofaríngea
¿Qué hacer mientras esperas el diagnóstico y tratamiento?
Algunas medidas que pueden ayudarte:
- Masticar despacio y con conciencia
- Evitar tragos grandes de agua o comidas muy secas
- Tomar bocados pequeños
- No comer justo antes de dormir
- Mantener una hidratación adecuada
- Evitar alcohol y alimentos muy irritantes
- Hacer una lista de síntomas para comentarla en la consulta
La disfagia puede ser angustiante, pero no es un problema menor. Identificar su causa a tiempo evita complicaciones como pérdida de peso, atragantamientos o incluso neumonía por aspiración. Si notas que tragar te resulta difícil, consulta a un especialista: hay tratamientos eficaces dependiendo de la causa.

