En la era de la información, la desinformación sigue estando muy presente y la obesidad no se escapa de muchos falsos mitos y creencias sobre el sobrepeso.
Estos son algunos de estos falsos mitos:
1).- La obesidad sí es una enfermedad.
Ser obeso no es una elección. La obesidad es una enfermedad, según la definición de la AMA (Asociación médica Americana, recordamos que en EEUU está oficialmente considerada como enfermedad) porque da como resultado «un deterioro del funcionamiento normal de algún aspecto del cuerpo». Las personas con obesidad tienen un exceso de grasa que contribuye a respuestas anormales de las glándulas y el sistema inmunológico, lo que resulta en un mayor riesgo de diabetes, presión arterial alta, colesterol alto y enfermedad del hígado graso. Esta respuesta inmune anormal es evidente ya que el covid-19 también ha afectado en mayor grado y con mayores riesgos a las personas con obesidad.
2).- No todo es comer menos y hacer más ejercicio
Si bien el desequilibrio energético entre lo que se consume y se “gasta” facilita el sobrepeso y la obesidad, las causas de la obesidad son mucho más complejas. La obesidad es una enfermedad multifactorial y no puede explicarse únicamente por la entrada y salida de calorías en base a la dieta y el ejercicio. La absorción de calorías varía entre los individuos y está determinada no solo por el tamaño de la porción a la hora de comer, sino también por factores como microbios intestinales, hormonas, enzimas digestivas y señales nerviosas. Cuando se trata de quemar calorías, el metabolismo es un factor importante. Y existe una creciente evidencia de que la genética, la falta de sueño, los medicamentos, el estrés e incluso el entorno al que una persona estuvo expuesta en el útero pueden contribuir a un aumento de peso no saludable.
3).- Solo con comer menos y moverse más basta para luchar contra la obesidad.
En casos de sobrepeso u obesidad ligera puede funcionar y con tan solo seguir un plan dietético personalizado y aumentar el ejercicio físico probablemente funcione. Sin embargo en otros muchos casos no funciona. O “funciona” pero solo parcialmente. Es el conocido “efecto yo-yó”. En muchos casos la dieta y el ejercicio por sí solos no son efectivos para disminuir y mantener un IMC más bajo, particularmente para las personas con obesidad severa, definida como un IMC de 40 o más. De hecho, la pérdida de peso hace que aumente el hambre y el metabolismo se ralentice, lo que puede llevar a la recuperación de peso. Afortunadamente existen diferentes opciones para combatirla. Desde técnicas de endoscopia bariátrica como el Balón Intragástrico o el Método Apollo hasta diferentes opciones quirúrgicas englobadas bajo el concepto de cirugía de la obesidad.
4).- Obesidad infantil: “Es un niñ@, ya cambiará”
La obesidad infantil debe considerarse una señal de alarma para la salud del menor, en el presente y en el futuro. Aunque la obesidad infantil no siempre resulta en obesidad en la edad adulta, la mayoría de los niños no superan su problema de peso. Según un estudio llevado a cabo en EEUU, solo el 17% de los niños en edad preescolar que tienen sobrepeso u obesidad regresan a un peso normal cuando comienzan la escuela secundaria. Otros estudios muestran que la obesidad infantil es un factor de predicción importante de si una persona se convertirá en un adulto obeso. En comparación con la obesidad que comienza en la edad adulta, las consecuencias de la obesidad que comienza en la infancia pueden ser más graves porque el niño tiene la enfermedad durante más años, lo que genera más consecuencias adversas para la salud.
5).- La obesidad saludable no existe.
La obesidad es peligrosa para nuestra salud. Una larga lista de enfermedades tienen como factor de riesgo el sobrepeso. Existe la creencia de que cuando la personas es obesa pero se mantiene en forma la obesidad no es dañina. Sin embargo, la evidencia científica ha demostrado que con independencia de si cuánto en forma se esté, la obesidad, el exceso de grasa acumulada perjudica nuestra salud.
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